Los vetones fueron un pueblo prerromano de tradición celta que habitó buena parte del occidente de la Meseta durante la Edad del Hierro. Levantaron poblados fortificados en lugares estratégicos, protegidos por murallas y con amplias vistas sobre el territorio. Su mundo quedó simbolizado en los célebres verracos de piedra —toros, cerdos y jabalíes—, probablemente vinculados al ganado, los pastos y la identidad de sus comunidades. En la vertiente sur de Gredos, el castro de El Raso dominaba el valle del Tiétar y los accesos hacia los pastos de montaña. Estuvo ocupado principalmente entre finales del siglo III y el siglo I a. C. y llegó a convertirse en un gran asentamiento protegido por una muralla de unos dos kilómetros, reforzada con torres, bastiones y un foso. Al recorrer hoy sus ruinas todavía es posible imaginar sus calles irregulares, las viviendas agrupadas en la ladera y la vida de una comunidad que contemplaba desde aquí el mismo horizonte.
La subsistencia vetona combinaba agricultura, aprovechamiento de los recursos silvestres y, sobre todo, ganadería. Vacas, ovejas, cabras, cerdos y caballos proporcionaban alimento, pieles, fuerza de trabajo y riqueza. En un paisaje abrupto como el de El Raso, las cabras podían aprovechar pastos, matorrales y laderas inaccesibles para otros animales. El pastoreo conectaba así el poblado con la montaña. Los restos faunísticos estudiados en el yacimiento muestran precisamente el predominio de animales domésticos, especialmente caprinos. El castro no fue, por tanto, una fortaleza aislada de la naturaleza. Sus habitantes dependían profundamente de la montaña y, al mismo tiempo, la transformaban con el fuego, el cultivo y el paso constante de sus animales. Esa relación entre personas, ganado y territorio es uno de los hilos que Northgrippian Park invita a seguir hasta nuestros días.
Una vez terminada la visita al Castro Vetón, el itinerario no continúa por la pista forestal adaptada a vehículos. El sendero que te llevará directamente hacia la Majada de Braguillas se inicial en la zona superior de la muralla, donde se encuentra el torreón defensivo conocido como El Castillo.