Rewilding Gredos
Vegetación
Vegetación
El rewilding no persigue imponer un tipo concreto de vegetación, sino permitir que el paisaje evolucione de forma cada vez más autónoma, en equilibrio con un ecosistema funcional. Nuestro objetivo no es conservar una fotografía fija del territorio, sino recuperar los procesos ecológicos que permiten que la vegetación se organice y cambie sin depender constantemente de la intervención humana.
En Northgrippian Park conviven hoy tres grandes elementos vegetales. El primero está formado por robles melojos centenarios, testigos vivos de la historia del paisaje. El segundo incluye matorrales y pastizales de gran riqueza biológica, donde conviven numerosas especies de plantas, insectos, pequeños vertebrados y otros organismos. Ambos forman un mosaico heterogéneo que concentra buena parte del valor ecológico de la sabana montañosa.
Respecto a estos dos componentes, no planteamos grandes actuaciones directas. Aspiramos a que el regreso de la fauna recupere su papel automodulador: que los herbívoros consuman pasto y matorral, favorezcan la creación de claros, dispersen semillas y contribuyan a mantener un paisaje diverso y dinámico. La estructura futura de esta vegetación no debería responder a un diseño rígido, sino a la interacción entre plantas, animales, agua, suelo y fuego. Iniciaremos una nueva línea de investigación científica para comprender mejor la dinámica ecológica y la historia natural de esta sabana montañosa. Entre otras aproximaciones, estudiaremos la edad y el crecimiento de los árboles mediante dendrocronología, los rasgos funcionales que podrían diferenciar a los robles adaptados a espacios abiertos, la respuesta de la vegetación en parcelas de exclusión de herbívoros y los efectos de pequeñas quemas prescritas. Estas investigaciones permitirán reconstruir cómo se formó y se mantuvo este paisaje, identificar los procesos que hoy lo amenazan y orientar su conservación sobre una base científica sólida.
El tercer elemento son los pinares de pino resinero, establecidos artificialmente durante los años sesenta. La situación de los pinares es diferente. Muchos pinares de resinero fueron plantados sobre terrazas creadas mediante técnicas forestales intensivas, como el aterrazado y el subsolado, que alteraron profundamente el relieve y el suelo. Su presencia introduce en torno a los yacimientos una formación vegetal ajena al paisaje cultural en el que vivieron las comunidades neolíticas, los vetones y, más tarde, los pastores. Esto reduce la legibilidad histórica del territorio y dificulta la conservación y puesta en valor de su patrimonio arqueológico y cultural. Además, bajo las copas densas de estos pinares encuentran refugio muchas menos especies de plantas y animales. A ello se suma la acumulación de biomasa y combustible, que puede aumentar la intensidad y propagación de grandes incendios.
Por estas razones, nuestra actuación frente a ellos sí pretende ser activa: proponemos eliminar progresivamente los pinares de la zona núcleo de actuación y favorecer después la recuperación espontánea de la vegetación local, siempre mediante planificación científica, autorización administrativa y seguimiento ecológico.
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