Hasta hace pocas décadas, cerca de un centenar de majadas permanecían activas en la sierra de Gredos, dentro del término de Candeleda. Eran pequeños enclaves donde los pastores vivían junto a sus rebaños, algunos durante todo el año y otros siguiendo el ritmo estacional de los pastos, en una tradición que hunde sus raíces al menos en la Edad Media. Hoy todas aquellas majadas han sido abandonadas, pero la de Braguilla Cimera ha sido reconstruida y abierta a los visitantes para conservar la memoria de esta forma de vida y acercarnos a la dureza, el conocimiento y la autonomía de los antiguos cabreros.
Las majadas prolongaron hasta tiempos recientes la presencia de grandes concentraciones de herbívoros domésticos en estas montañas. Los rebaños podían reunir varios cientos de cabras, animales especialmente adaptados a las laderas abruptas y capaces de aprovechar hierbas, brotes y matorrales inaccesibles para otros animales. Como había ocurrido siglos antes con las comunidades vetonas, aquella abundancia de animales creó una relación bidireccional entre las personas y la naturaleza: los pastores dependían de los pastos, el agua y los ciclos estacionales de la sierra, pero, al mismo tiempo, sus rebaños transformaban el territorio mediante el ramoneo, el pisoteo, el transporte de semillas y la fertilización del suelo. La montaña sostenía a las familias y a sus animales, mientras estas contribuían a mantener paisajes en mosaico. El pastoreo caprino puede frenar la expansión del matorral y, en las sierras del entorno de Gredos, las cabras y el fuego pastoril desempeñaron un papel decisivo en la configuración histórica del paisaje.
Una majada no era solamente un lugar donde encerrar las cabras, sino una pequeña unidad familiar de vida y trabajo. Incluía la vivienda, el corral y los establos, además de gallineros, zahúrdas, almacenes, horno, huerto, fuente y una quesera fresca donde se elaboraban y conservaban la leche y el queso. Construidas poco a poco con granito, madera y otros materiales del entorno, permitían a las familias habitar la montaña, cuidar el ganado, producir alimentos y llevar una existencia casi autosuficiente.